Historias de una vida más lenta...

Historias de una vida más lenta – Con Claudia Pérez y Mónica Tostado

La verdad es que yo no siempre tuve una vida lenta. Más bien todo lo contrario.

Hace tres años, la vida me trajo a una nueva ciudad. Fue un cambio en todos los sentidos.

Cambié de lugar, me alejé del tráfico de Madrid, de las rutinas que tenía hasta ese momento (muchas de ellas ya eran incluso tóxicas) y, aunque nunca lo hubiera elegido, también me alejé de los compromisos.

Por unos motivos u otros, el estar lejos me ayudó a pensar con claridad. Sin distracciones, pude valorar lo que había tenido en mi vida, y lo que había sido, en los últimos años.

Alguna vez leí, y tengo apuntado (aunque no la fuente) que para saber adónde quieres ir, es importante saber de dónde vienes.

Con el cambio yo pude intuir qué era lo que quería, entender que esto es una búsqueda diaria, porque evoluciona, y que hay que permanecer atentos.

A veces, hay que romper con la normalidad para lograr nuestras metas. Clic para tuitear

Y, sobre todo, aprendí a disfrutar de los buenos momentos y a darme cuenta de que las cosas si son compartidas se viven mucho mejor.

Afortunadamente, no estamos solos en el planeta y, como este pequeño mundo parece que nos lo estamos cargando, es una buena idea que compartamos reflexiones, historias, momentos, soluciones… Cuántos más seamos y más variados, más enriquecedor será y nos sentiremos más acompañados.

Con Claudia Pérez, de El Jardín de mi Casa, he estado intercambiando correos desde hace tiempo. Un día me escribió hablándome de su proyecto y poco después me contó su historia, la que hoy comparte con nosotros en este post.

Su vida lenta empezó en el campo, después de haber vivido en una gran ciudad ¡lo suyo fue un cambio radical!

 

Con Mónica Tostado, de Agosto 31, fui yo la que contacté. Hace unos meses abrió un espacio nuevo en su blog, del que luego nos hablará. Este fue el impulso definitivo para contactar con ella e invitarla a que nos contara su historia. ¿El motivo?

Ella ha adaptado una vida lenta a la ciudad ¡ella nos demuestra que claro que se puede!

Busca un momento tranquilo, siéntate y ¡lee estas historias de una vida más lenta!

Recuerda pinchar en las flechas para desplegar el texto 😉

EL JARDÍN DE MI CASA - Claudia Pérez

(Texto escrito por Claudia Pérez, El Jardín de mi Casa en Pelarco)

En el Jardín de mi casa vivimos lento, ¡cómo vivía la familia Ingalls! ¡Jaja!

La verdad es que llegamos a este tipo de vida por las vueltas que ésta da, no por ser parte del movimiento slow, ni mucho menos, y a veces me siento como si de pronto hubiese viajado al pasado.

Me veo acarreando leña, cuidando plantas, leyendo y alimentando animales y recuerdo esas imágenes del campo de antes, que en realidad es igualito al de ahora.

El venirnos al campo no fue una decisión súper pensada, fue más bien una decisión tomada con mucha pasión y fe. La gran motivación fue nuestra pequeña Violeta.

Ella nació en Málaga, España y llegó a Chile con 3 añitos. Llegar de una provincia con playa y sin prisas a crecer en Santiago de Chile no nos parecía un buen panorama.

Santiago es un encanto en ciertas ocasiones y en ciertos lugares, pero también tiene ese lado que ya todos conocemos: contaminación, gente apiñada en el metro y en la micro (autobus), bocinazos por todos lados y, en definitiva, poco tiempo para estar con uno mismo.

El concepto vida sostenible lo imaginamos o asociamos a tener libertad de decisión, y respetar y colaborar con nuestros vecinos cuidando el medio ambiente y consumiendo responsablemente.

Creemos que para lograr tener una vida sostenible es necesario trabajar pensando en comunidad y para esto, la solución que vimos era vivir en el campo de una manera más lenta.

Hoy nos damos cuenta que es redifícil crear un estilo de vida propio dentro de la sociedad, porque por suerte vivimos en sociedad, y ¡eso nos encanta!

La idea nunca ha sido vivir en una burbuja aislados del mundo, pero sí se puede empezar a generar un vínculo real con la gente que nos rodea.

Con nuestros vecinos y vecinas (hoy, además, son amigos) intentamos trabajar en comunidad, nos ayudamos, consumimos los productos que ellos nos pueden ofrecer y hacemos trueque siempre que haga falta.

Tal y como dice Marta Loperena en su post: «necesitábamos ir más despacio».

Tanto Sergio como yo trabajamos alguna vez metidos en una oficina durante todo el día, y siempre con esa sensación de que el día pasó estando nosotros sentados encerrados, generando dinero para otros y regalando nuestro tiempo.

Sergio es diseñador web y gráfico y yo estudié traducción y fotografía, y así, con muy poca plata en el banco nos vinimos al campo.

En un comienzo armamos una empresa de diseño y fotografía, pero a pesar de que nos gustan nuestros trabajos no estábamos contentos del todo. Teníamos que ir a Talca, la ciudad más cercana, a conseguir clientes y, finalmente, eso se tornó parecido a lo de vivir con prisas.

Hace tan sólo 1 año y medio se nos prendió la lamparilla:

¡Voy a vender plantas! me dijo Sergio un día.

¡Podríamos armar una cafetería y además vender plantas!, le dije yo otro día.

¡Podríamos vender plantas, armar una cafetería y hacer un espacio para que se puedan hacer talleres!, me dijo Sergio unos meses después.

Básicamente queremos generar un lindo espacio en el que se pueda venir a escuchar música y tomar café, venir a alguna charla interesante, comprar plantas o productos locales ¡y en eso estamos!

Plantas y árboles ya tenemos a la venta, la cafetería está en construcción y lo de los talleres ya vendrá. Todo con calma.

Hace poco menos de un año fuimos a un curso que impartió 50 Maule (un programa itinerante que ayuda a generar nuevos negocios para pequeñas empresas en la Región del Maule). Queríamos aprender un poco más de marketing, de estrategias de ventas… pero lo dejamos porque estábamos tan en pañales que sentíamos que no nos servía.

Hoy nos damos cuenta que el haberlo dejado tiene relación con esta vida lenta que queremos llevar. Durante el poco rato que asistimos nos hablaron de marketing, números, ventas, discursos, negociaciones… y nosotros en un momento gritamos ¡paren el mundo que nos queremos bajar!, igual que Mafalda.

¡No, no es verdad, no lo gritamos, pero nos habría encantado hacerlo!

Igualmente nos ayudó mucho y agradecemos a todos los que nos dieron consejos, pero no era nuestro momento.

50 Maule fue tan sólo un tropiezo, un momento de desenfoque, pero una de las grandes dificultades con las que me he encontrado fue no tener horarios.

Estaba tan acostumbrada a la estructura, a que todo tenía su momento y su norma, que cuando de pronto podía hacer lo que quisiera en cualquier momento del día, cualquier día de la semana, me costó mucho organizarme con todo.

Trabajo, casa, hija, colegio… tomó tiempo, pero ya hemos logrado organizarnos y cumplir con nuestros compromisos, lo mejor de todo es que siempre a nuestro ritmo.

Si alguno o alguna por allí está pensando en ir a vivir al campo y probar suerte sin trabajo estable, te cuento que es mucho trabajo y mucha meditación, muchísimo autoconocimiento.

La «soledad» hace que uno se empiece a mirar y casi que obliga a hacer todo un trabajo de introspección gigante. Es enriquecedor.

El poner horarios puede parecer lo más fácil, pero sólo imagina dos segundos: justo cuando abres los ojos y no quieres salir de la cama, quieres dormir 5 minutitos más, y te acuerdas que no tienes que cumplir con ningún jefecillo ni horarios ¿ya te imaginarás que hacía yo? Me tomaba esos 5 minutos que rápidamente se transformaban en 1 hora.

Vivir con toda la libertad posible es una tarea difícil.

Tienes tiempo para crear. Para dar paseos con tus hijos e hijas e ir a disfrutar de unas lindas vacaciones en cualquier época del año, pero también es necesario comer y pagar las cuentas. Y ahí está el desafío.

Hoy lo que hago y que podría aconsejar es hacer una lista de todo lo que quiero hacer (digo quiero porque ya no son un debo) en una semana. Así no me olvido de las cosas y llega el domingo y sonrío orgullosa de haber avanzado en todo. No siempre se logra todo por supuesto, pero me consigo organizar que es lo importante.

El trabajo en comunidad que intentamos hacer es ayudar a nuestros vecinos en sus campos y cuando vienen nuestros familiares siempre promocionamos los productos de nuestros vecinoamig@s.

Creemos que la mejor manera de apoyarnos y de acompañarnos es echándonos una manito.

Facebook – El Jardín de mi Casa

Instagram – El Jardín de mi Casa

Fotografía Claudia Pérez, El Jardín de mi Casa en Pelarco


AGOSTO 31 - Mónica Tostado

(Texto escrito por Mónica Tostado, Agosto 31)

Mi nombre es Mónica Tostado, soy arquitecto de formación, aunque me ha llevado mi tiempo darme cuenta de que los interiores y la decoración son mi vocación.

Como siempre digo, yo voy a mi ritmo (lento) y las evoluciones, me cuestan 😉

Trabajo por cuenta ajena, en algo que no tiene nada que ver con todo esto. Aún me da miedo dar el salto a un proyecto propio, aunque sí hago proyectos de interiorismo y deco pequeñitos, y tengo la suerte de colaborar como redactora en la revista Dolce Vita.

Es a través de mi blog Agosto 31, donde doy salida a toda la inspiración que encuentro, y que refuerza mi idea de que el interiorismo, la moda y la decoración van de la mano, son disciplinas que se retroalimentan.

Pero, además, desde hace unos meses trato de temas “slow” en mi Club de las Cosas Pequeñas, que surgió como necesidad, para expresar todo mi cambio de vida, mi forma de ser y de vivir, y la verdad es que se ha convertido en una de las secciones más leídas del blog.

Para mí la vida sostenible, engloba todo lo que es bueno para mí, para mi comunidad y para el planeta.

Desde ir caminando o en transporte público con más asiduidad; comprar cerca de casa y llevar siempre mi propia bolsa de tela; disminuir todo lo que puedo el consumo de plástico, de carne; tener mucho cuidado con la temperatura de la calefacción o el aire acondicionado; reusar y reciclar todo lo que puedo; y, por supuesto, un hábito que recomiendo mucho: leer bien las etiquetas de todos los productos que se compren, aunque intento comprar pocas cosas procesadas.

Antes de mi gran cambio, ya hacía algunas de estas cosas, pero supongo que el cambio de ritmo, me hizo ser más consciente de la necesidad de cuidarme a mí y a mi entorno.

El motivo de mi cambio de vida, fue una gran crisis personal, que acabó en un episodio de ansiedad y un poco de depre.

Teniendo todo lo necesario para ser feliz, no lo era, porque no vivía el presente, siempre estaba obsesionada con el futuro y en que llegase algo mejor. Hasta que un día en la consulta de mi terapeuta, algo hizo “click” en mi cabeza, y me di cuenta. Todo el caos encajó, encontré la raíz del problema, y era eso, me estaba perdiendo mi presente y mi vida.

Así, comenzó mi revolución, parando en seco, dándome permiso para hacer cosas como ver la tele una tarde en el sofá, o aprendiendo a diferenciar entre urgente e importante… Para mí, antes todo era urgente, y vivía un constante agobio.

Empecé a interesarme por la vida slow, el mindfulness, y ahí encontré muchas respuestas, aunque todas las respuestas están en mí lo sé, pero es un proceso largo.

Durante los primeros meses de cambio, dejé mi blog, no me apetecía hablar de nada que no fuese de lo que me estaba nutriendo, pero sabía que no tenía nada que ver, y así poco a poco surgió en mi cabeza la sección de “El Club de las Cosas Pequeñas”, para hablar de esas cosas de las que muchas veces se dan por obvias, pero que realmente son las importantes, y por supuesto, de los diferentes campos que me van ayudando a tener una vida más feliz, más presente, y más lenta, por qué no.

Aunque la filosofía slow, se malinterpreta mucho, creyendo que es una apología de la vaguería y de procrastinar. Nada más lejos, es adaptarse, organizarse de tal manera que tu “humanidad” quede por encima de todo lo demás.

Ahora por fin he retomado mi blog, aun haciendo a veces malabares para poder publicar, porque la vida 1.0 requiere de mi presencia desde hace unos meses, por motivos familiares… a partir de ahora, pretendo darle mucha actividad, colaboraciones, y hay algún proyecto en mente que habrá que ver si sale y, por supuesto, seguiré escribiendo para Dolce Vita, y habrá nuevas ediciones del “Club de las Cosas Pequeñas”.

Lo realmente bonito de todo este cambio, ha sido contactar con gente, que además de tener las mismas pasiones que yo, tienen el mismo enfoque de vida, y eso es maravilloso.

Las redes sociales muchas veces son denostadas por ser ladronas de tiempo, pero creo que bien utilizadas, son una maravilla y nos conectan de una manera increíble.

Gracias a ellas, conozco a personas súper talentosas como tú, que me aportan muchísimo y que colaboran a mi evolución y crecimiento, además de demostrar que una nueva manera de hacer las cosas, desde la colaboración y no la competencia, es posible.

El paradigma de vida y de trabajo está cambiando, y me hace ser optimista. Creo que nuestra generación va a dar mucho que hablar.

Aunque por supuesto, en este tipo de cambios siempre hay cara B. Aunque me río bastante de esa cara B, porque se queda en lo meramente anecdótico, y es que hay gente que piensa que eres “rarita” por meditar, por escribir un diario, por leer con lupa las etiquetas de los alimentos, e incluso por reciclar con cuidado o llevar cosas al punto limpio de mi ciudad!!

¿En serio?

Me parece increíble, que la gente no sea consciente de que nos estamos cargando el planeta, y que hay que actuar ya para prevenirlo, en la medida de lo posible.

Además también malinterpretan que no estés súper ocupada o que no lleves unas prisas del demonio. Aún está bien considerado ser una persona muy ocupada, y con mil cosas que hacer, y me parece una solemne estupidez.

Pero como decía antes, son muchos más los beneficios de este cambio, ahora soy más feliz, estoy más sana y me comienzo a conocer a mí misma, y oye ¡no estoy mal! ¡Hasta me caigo bien 😉

A alguien que quiera cambiar el chip, le recomendaría antes de nada, que esté seguro, que se de permiso para pensar las cosas despacito, que escriba mucho, que empiece un diario, y que pasee ratitos a solas, con tiempo para pensar. Antes de nada hay que conocerse, para ver a dónde queremos llegar.

A mí me ayudaron mucho en el punto de partida, algunos blogs como Universo Flow (aunque ahora ha tomado cambio de rumbo), Slow Lou (soy alumna de su curso de meditación) y Oye Deb. También algunos libros como «Elogio de la Lentitud» de Carl Honoré,  «Mindfulness para la Felicidad» de Ruth Baer y «Vivir la vida con sentido» de Victor Küppers.

Creo que con estas “pildoritas”, se puede empezar a tomar impulso para un cambio de los fuertes.

También me ayuda mucho el yoga, comencé a practicar por un problema de espalda, y he descubierto esta maravilla, con la que me quedo como nueva; me hace tomar contacto con mi cuerpo y con mi respiración, lo cual es brutal, ¡no hay nada que me haga conectar más conmigo misma! Y, además, mejora mi postura y me divierte, ¿se puede pedir más?

Como última recomendación: salir más a la naturaleza, caminar por un bosque, hacer senderismo… es algo maravilloso, que nos limpia en todos los sentidos. Gracias a mi chico comencé a hacerlo, y siempre le estaré agradecida.

Además, solo cuando conocemos algo, y lo experimentamos, es cuando realmente, lo empezamos a cuidar.

Facebook – Agosto 31

Instagram – Agosto 31

Mónica Tostado, Agosto 31. Fotografía Laura Casas


¡Gracias a las dos por su generosidad!

Si te apetece compartir con nosotros tu experiencia y contarnos si tú también estás viviendo una vida más lenta ¡te esperamos en los comentarios! 

4 Comentario
  • ADELA EMILIA GOMEZ AYALA
    Publicado a las 15:50h, 27 enero

    Hola Amaya, en este segundo intento por escribir el comentario (la tecnología….), te diré que coincido con vosotras en que vivir en una gran ciudad, hay personas a las que les resulta estresante y rutinario; vamos en definitiva, no se sienten «completas».

    En ese sentido, el cambio al campo o a una ciudad más pequeña, o incluso al campo, puede darles la tranquilidad que la gran ciudad les «roba».

    Dicho esto, a veces esa alegría, esa paz, y eso sosiego, que muchos creemos inherentes a lugares pequeños en contacto con la naturaleza, no existe, porque la paz y el sosiego, tú tienes que llevarlos dentro (si por la razón que sea no los llevas), puedes dar la vuelta al mudo, que jamás encontrarás esa felicidad o esa paz que deseas.

    Es mi punto de vista.

    Por lo demás un afectuoso saludo

    • Soy Emoworker
      Publicado a las 16:12h, 01 febrero

      Hola Adela,

      Coincido contigo. De hecho, el objetivo de este post es compartir precisamente lo que comentas: que el lugar no es lo importante.

      Un abrazo fuerte

  • Conchi
    Publicado a las 12:44h, 26 enero

    Hola a las tres,

    Aunque me encantan las dos historias que hoy nos presentas, Amaya, te diré que me identifico muchísimo con Mónica. Mientras estaba leyendo cómo fueron sus primeros momentos, esos en los que se dio cuenta de que no era del todo feliz, porque no vivía en su presente, estaba visualizándome a mí hace también algún tiempo.

    Siempre he sido animal de futuro, todo el día dándole vueltas a lo que vendrá, a lo que cambiará para mejor… Siempre esperando algo que nunca llega. Sin embargo, desde que fui consciente de esto, traté de bajar el ritmo, aunque no siempre es fácil, en cuanto a mis pensamientos. Entonces, me di cuenta de que muchas de las cosas que soñaba para mi vida futura, ya podía hacerlas, disfrutarlas, sin más, sin tener que esperar.

    Ahora me doy más espacios para vivir estos momentos y, sobre todo, trato de estar presente para exprimirlos al máximo.

    Gracias por las historias, creo que ambas son muy inspiradoras.

    Un abrazo.

    • Soy Emoworker
      Publicado a las 13:33h, 27 enero

      Hola Conchi,

      Me identifico con lo que dices, y también me pasó con la historia de Mónica. Creo, de verdad, que si aprendemos a vivir en el presente todo empieza a funcionar de otra manera.

      Hace poco leí una frase que anoté y que creo que lo refleja muy bien «no se puede sentir felicidad ni en el pasado ni en el futuro, porque solo se puede sentir mientras sentimos». Clara ¿no? 😉

      Un abrazo